Soledad de San Lorenzo: María Santísima en su Soledad
La Imagen de Nuestra Sra de la Soledad es, en la actualidad, una escultura de vestir con manos, busto y cabeza labrados en madera, así como el candelero, que está compuesto de ocho listones que arrancan debajo de la cadera hasta una base ovalada. Su medida en altura es de 163 centímetros y tiene las lágrimas de cristal: dos en la mejilla derecha y una en la izquierda.
La Efigie, que recibe culto diario en el altar de la Capilla de los pies de la nave del Evangelio de parroquia de San Lorenzo Mártir de Sevilla, tiene su verdadera dimensión iconográfica en el paso en el que realiza estación a la Catedral el Sábado Santo, ya que se representa a la Virgen María, sola, al pie de la Cruz sobre la que pende el sudario y se apoyan las escaleras, símbolos de la Pasión de Cristo, como está expresado en el Stabat Mater.
A pesar de las restauraciones, la cabeza y rostro conservan rasgos arcaicos comunes a las imágenes marianas esculpidas hacia la mitad del siglo XVI en el entorno del antiguo Reino de Sevilla, es decir el carácter frontal, la expresión hierática, la caída de párpados y la presencia de un cuello sin anatomizar, de los llamados de tambor.
Debido a la antigüedad de la Imagen es lógico suponer que ha sufrido numerosas intervenciones, siendo la de mayor envergadura la sufrida en el momento en que se mutiló la Efigie original para la colocación de un candelero y brazos articulados, para poder ser vestida más cómodamente. No es posible datar este hecho, pues pudo suceder bien en torno a 1568 o bien posteriormente.
De las restauraciones documentadas no podemos hablar hasta 1829 cuando la Soledad «se estofó entonces de nuevo, y se vistió más al gusto del día quitándole una túnica o sobreveste blanca que antes le ponían sobre la túnica negra». El cronista Félix González de León se enojó debido a que «con ambas novedades le quitaron á la imagen cierto carácter de dignidad y antigüedad que conservaba».
Es posible, que además en esta actuación sobre la Imagen, se adaptara el candelero a la forma de genuflexión, pues en el inventario de 1834 de la parroquia de San Miguel se describe a la «Sma. Virgen de vestir, la cual tiene un manto de terciopelo negro con forro de tafetán blanco, saya de lo mismo, un almohadón sre. que está de rodillas, de terciopelo negro bordado todo de plata con las insignias de la Pasión, corona hermosa de plata y corona de espinas de lo mismo en las manos de la Sra. y un cíngulo de tisú». Aunque en algunas publicaciones se apunta una restauración de Gutiérrez Cano en 1864 no parece que esta se produjera, pues a lo que se refieren las actas redactadas ese año es precisamente a la intervención antes reseñada de 1829. La Virgen de la Soledad no sufrió una nueva intervención que sepamos hasta que en 1916 el pintor Carlos García Eiris intervino en la policromía, cobrando por ello la cantidad de doscientas pesetas. Posteriormente el pintor soleano Santiago Martínez Martín intervino en la policromía de la Imagen de N.ª S.ª de la Soledad: primero en 1953 y luego, en 1970, específicamente sobre las manos. Por último en 1985 el equipo formado por Juan Abad Gutiérrez, Silvia Martínez García-Otero y Joaquín Arquillo Torres restauró la Imagen de N.ª S.ª de la Soledad por última vez.
La Efigie, que recibe culto diario en el altar de la Capilla de los pies de la nave del Evangelio de parroquia de San Lorenzo Mártir de Sevilla, tiene su verdadera dimensión iconográfica en el paso en el que realiza estación a la Catedral el Sábado Santo, ya que se representa a la Virgen María, sola, al pie de la Cruz sobre la que pende el sudario y se apoyan las escaleras, símbolos de la Pasión de Cristo, como está expresado en el Stabat Mater.A pesar de las restauraciones, la cabeza y rostro conservan rasgos arcaicos comunes a las imágenes marianas esculpidas hacia la mitad del siglo XVI en el entorno del antiguo Reino de Sevilla, es decir el carácter frontal, la expresión hierática, la caída de párpados y la presencia de un cuello sin anatomizar, de los llamados de tambor.
Debido a la antigüedad de la Imagen es lógico suponer que ha sufrido numerosas intervenciones, siendo la de mayor envergadura la sufrida en el momento en que se mutiló la Efigie original para la colocación de un candelero y brazos articulados, para poder ser vestida más cómodamente. No es posible datar este hecho, pues pudo suceder bien en torno a 1568 o bien posteriormente.
De las restauraciones documentadas no podemos hablar hasta 1829 cuando la Soledad «se estofó entonces de nuevo, y se vistió más al gusto del día quitándole una túnica o sobreveste blanca que antes le ponían sobre la túnica negra». El cronista Félix González de León se enojó debido a que «con ambas novedades le quitaron á la imagen cierto carácter de dignidad y antigüedad que conservaba».
Es posible, que además en esta actuación sobre la Imagen, se adaptara el candelero a la forma de genuflexión, pues en el inventario de 1834 de la parroquia de San Miguel se describe a la «Sma. Virgen de vestir, la cual tiene un manto de terciopelo negro con forro de tafetán blanco, saya de lo mismo, un almohadón sre. que está de rodillas, de terciopelo negro bordado todo de plata con las insignias de la Pasión, corona hermosa de plata y corona de espinas de lo mismo en las manos de la Sra. y un cíngulo de tisú». Aunque en algunas publicaciones se apunta una restauración de Gutiérrez Cano en 1864 no parece que esta se produjera, pues a lo que se refieren las actas redactadas ese año es precisamente a la intervención antes reseñada de 1829. La Virgen de la Soledad no sufrió una nueva intervención que sepamos hasta que en 1916 el pintor Carlos García Eiris intervino en la policromía, cobrando por ello la cantidad de doscientas pesetas. Posteriormente el pintor soleano Santiago Martínez Martín intervino en la policromía de la Imagen de N.ª S.ª de la Soledad: primero en 1953 y luego, en 1970, específicamente sobre las manos. Por último en 1985 el equipo formado por Juan Abad Gutiérrez, Silvia Martínez García-Otero y Joaquín Arquillo Torres restauró la Imagen de N.ª S.ª de la Soledad por última vez.
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