AÑORANZA
“Sólo en la distancia nace el verdadero amor por lo que deseas y extrañas.” con esta frase anónima, me gustaría empezar esta reflexión para todo lo que esta crisis del COVID-19 (Coronavirus) está causando a la sociedad cofrade.Me remonto al fin de semana del 6 al 8 de Marzo, en el cual empezamos a asumir lo que podía pasar, suspendiendo el contacto a las Sagradas Imágenes que durante ese tiempo estaban en cultos, por orden del Arzobispado de Sevilla.
En la semana siguiente comenzó el Estado de Alarma, activado por el Gobierno de la nación española, que, además nos trajo, una decisión muy dolorosa para los cofrades pero comprensible y cauta, aunque concienciados del mal que este virus estaba causando, la suspensión de los desfiles procesionales de Semana Santa, cuando más que nunca los estábamos empezando a sentir. Los conocidos cultos internos de la Cuaresma, sumando los externos, como los Via+Crucis o los Traslados.
Aunque desde lo espiritual, las celebraciones litúrgicas siguiesen como siempre, faltaba un gran pellizco, sin las Sagradas Imágenes de Jesucristo y su Santísima Madre, la Virgen María, por las calles de este bendita y mariana tierra. A muchos nos quedaban y nos quedan luces en las Glorias de María, y en las extraordinarias que este año acontecen, la más necesaria, a mi criterio, la del Señor del Gran Poder.
Hace unas semanas vi por Instagram, que el artista sevillano Daniel Madroñal (@damm.print) reflejó la necesidad de los barrios de Amate, los Pájaros y las Candelarias, de recibir al Señor, de recibir su Divina Misericordia, ya que hace 55 años que Él, los visitó y en estos tiempos de incertidumbre, lo vuelven a necesitar.
Con esta pandemia global, creo que hemos aprendido a saber vivir el momento, las mariposas en el estómago a la hora de planchar tu túnica o tu costal, estar junto a tus imágenes en sus cultos, los nervios de una Salida Procesional, las frías noches de ensayo...
Pero Sevilla sabe esperar y todos miramos al 2021 con Esperanza, para aliviar nuestras Angustias por el Calvario que ha creado este año 2020. Sevilla tiene el Gran Poder de la Salud, ese al que no le importa las veces que nos caígamos al suelo, el que Traspasa el Mayor de los Dolores, aunque hayamos Sentenciado este año, Presentamos la Semana Grande del año que poco a poco se va Concebiendo en esta bendita tierra. Silencio, Sevilla, en menos de lo que esperas, por tus calles, volverá a pasear Jesús, el Nazareno.
Desde aquí, les invito a que disfruten de sus familiares, de sus parejas, de sus amigos, los días que quedan en este fatídico Estado de Alarma, porque nunca sabemos cuando será la última vez que podamos hacerlo. Me despido con la espina de saber cuantos han abandonado este mundo terrenal para reunirse con el Señor, en los cielos. Descansen en Paz.
Hace unas semanas vi por Instagram, que el artista sevillano Daniel Madroñal (@damm.print) reflejó la necesidad de los barrios de Amate, los Pájaros y las Candelarias, de recibir al Señor, de recibir su Divina Misericordia, ya que hace 55 años que Él, los visitó y en estos tiempos de incertidumbre, lo vuelven a necesitar.
Con esta pandemia global, creo que hemos aprendido a saber vivir el momento, las mariposas en el estómago a la hora de planchar tu túnica o tu costal, estar junto a tus imágenes en sus cultos, los nervios de una Salida Procesional, las frías noches de ensayo...
Pero Sevilla sabe esperar y todos miramos al 2021 con Esperanza, para aliviar nuestras Angustias por el Calvario que ha creado este año 2020. Sevilla tiene el Gran Poder de la Salud, ese al que no le importa las veces que nos caígamos al suelo, el que Traspasa el Mayor de los Dolores, aunque hayamos Sentenciado este año, Presentamos la Semana Grande del año que poco a poco se va Concebiendo en esta bendita tierra. Silencio, Sevilla, en menos de lo que esperas, por tus calles, volverá a pasear Jesús, el Nazareno.
Desde aquí, les invito a que disfruten de sus familiares, de sus parejas, de sus amigos, los días que quedan en este fatídico Estado de Alarma, porque nunca sabemos cuando será la última vez que podamos hacerlo. Me despido con la espina de saber cuantos han abandonado este mundo terrenal para reunirse con el Señor, en los cielos. Descansen en Paz.
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